Jesús invita a sus discípulos a vivir en una actitud permanente de vigilancia. Así como en los días de Noé la gente seguía su vida sin percibir el momento decisivo que se acercaba, también hoy podemos distraernos con lo cotidiano y perder de vista la presencia de Dios que llega.
El Señor recuerda que su venida será inesperada, como un ladrón que llega de noche: no para infundir miedo, sino para despertar el corazón. Nos pide estar atentos, disponibles, sensibles a su paso silencioso en nuestra historia.
El Adviento comienza así como un llamado a despertar, a revisar prioridades, a reconocer lo esencial y a preparar el corazón para que el nacimiento de Jesús no nos encuentre dormidos.