El Evangelio invita a abrir los ojos ante la indiferencia: Lectio Divina del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

La parábola del rico y Lázaro, que centra la reflexión de esta semana, presenta un contraste radical entre dos realidades humanas: la opulencia del rico que banquetea cada día y el sufrimiento del mendigo cubierto de llagas que yace a su puerta. Sin embargo, el mensaje va más allá de la pobreza material: denuncia la distancia del corazón y la indiferencia ante el dolor ajeno.

El texto recuerda que el rico no es condenado por tener bienes, sino por no haber sabido compartirlos, encerrado en sí mismo y ciego ante la necesidad del otro. Por el contrario, Lázaro —cuyo nombre significa “Dios ayuda”— representa a quienes, en medio de su sufrimiento, confían plenamente en el Señor y son recordados por Él.

Jesús, a través de esta parábola, invita a abrir los ojos y el corazón. La vida, dice la Lectio, es el tiempo para amar y construir fraternidad. La indiferencia, en cambio, crea un abismo que nos separa de Dios y de los hermanos. El Evangelio nos desafía a descubrir los “Lázaros” que están a nuestra puerta: los pobres, los enfermos, los olvidados, los que esperan compasión y cercanía.

Finalmente, el mensaje enfatiza que aún estamos a tiempo de cambiar, de escuchar la Palabra y de transformar nuestras actitudes en gestos concretos de amor y misericordia. Lo verdaderamente eterno —recuerda la reflexión— no es lo que poseemos, sino lo que compartimos con amor.
La reflexión completa puede consultarse en el material publicado por la Diócesis de Caldas y en los canales de Animación Bíblica de la Pastoral.

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