Jesús revela el inmenso amor de Dios por la humanidad. El Padre entrega a su Hijo para salvar al mundo y ofrecer vida eterna a quienes crean en Él. Este pasaje muestra que Dios no actúa desde la condena, sino desde la misericordia y el deseo de salvación. En la Solemnidad de la Santísima Trinidad contemplamos a un Dios que es comunión de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que acompaña y sostiene la vida del creyente.